Capitulo 4. Parte 1. Mi Milagro de Vida

Al poco tiempo de estar viviendo en Bogotá me entero de que estaba embarazada fue un momento de angustia, porque en nuestros planes racionales no estaba volver a ser madre, sentí miedo, pero a la vez una felicidad inmensa de tener un ser en mi vientre.


Cuando tenía 4 meses de embarazo en la ecografía de control nos dice el ginecólogo que Isabella tenía una enfermedad congénita que se llama atresia esofágica, fue un momento de confrontación en ese momento pasaron tantas cosas por mi mente, el miedo se apoderaba de mis pensamientos, pero ahí estaba mi esposo que con su apoyo y certeza me dio toda la fuerza para seguir adelante. Fueron instantes de vulnerabilidad, corrían lagrimas por nuestros ojos sin saber que iba a suceder, la fuerza divina nos acompañó en todo momento.


Llego el momento del parto a las 38 semanas con un embarazo de alto riesgo donde tuve que cuidarme mucho y pasar mucho tiempo en reposo con una cesárea programada llega a nuestras vidas Isabella, sabíamos que muchas cosas podían suceder, una de ellas que no sobreviviera.


Era tan pequeña que podía sostenerla en mi mano, tan solo pesaba 1900 gramos y medía 48 centímetros. Solo por unos segundos puede sostenerla en mis brazos e inmediatamente la llevan para la uci, a partir de este momento comienza una historia de amor, esperanza, confianza, fe y en especial soltar todo ese equipaje lleno de apegos.


No pude verla hasta el día siguiente que estaba conectada a un respirador y poco podía acercarme a ella, la alimentaban por una sonda luego le practicaron una gastrostomía ya que por este medio la alimentaban.


y no pude tenerla en mis brazos...


Cuando tenía dos meses le hicieron la reconstrucción del esófago fue una cirugía de alto riesgo, las expectativas que nos daban los médicos no eran las mejores pero nosotros siempre confiamos en que se iba a recuperar , salió muy bien de la cirugía pero debía estar 15 días en coma inducido, todos los días estábamos en la uci para acompañarla las pocas horas que nos permitían estar con ella, solo podía visitarla una hora en la mañana y otra en la tarde sin embargo yo me pasaba todo el día entre los pasillos del hospital , esos momentos de conexión divina fueron fundamentales en todo este aprendizaje.


Hubo momentos que me sentía derrumbada, momentos en mi humana vulnerabilidad donde me preguntaba que había hecho tan mal para merecer esto, hablaba con Dios, le decía ¿señor yo no he matado, no le he deseado mal a nadie, no tengo resentimientos guardados en mi corazón por nadie porque nos pasa esto? En fin, llegaban momentos de luz y volvía a confiar, después de 15 días despertó y por primera vez pudimos darle un tetero ese momento fue mágico , no lo podíamos creer, a los tres días la pasaron a una habitación fue nuestra primera vez juntas, pude sostenerla en mis brazos todo el tiempo que deseara, transcurrieron los meses y seguíamos en el hospital sin salir ni un solo día a la casa, esos momentos los recuerdo con tanto amor, pude ver varias familias que perdían a sus hijos, fui la voz de aliento de varias madres, nos sosteníamos cada una desde nuestra experiencia y vivencias, pude mirar desde un lente externo todas las bendiciones que esta experiencia nos traía, estábamos en el pabellón de oncología porque era el más seguro para Isabella ya que debía estar alejada de cualquier tipo de virus intra hospitalario, me contagié de tanta felicidad que manifestaban todas estas niñas que padecían de cáncer, compartimos momentos muy bonitos y sumamente dolorosos todos los día era un reto de vida, no se sabía cuál de todas las niñas amanecería viva, sentí el frio de la muerte muy cerca, vi varias veces como por un pasillo andaba una silla de ruedas sin tener ninguna persona en ella y había tanta certeza de que ese ser aún continuaba en este plano que las enfermeras se dirigían de manera puntual quien era y como se llamaba.

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